Durante la última semana de septiembre, la Conferencia Internacional InspirACIONES sobre Vida y Muerte, tuvo inicio en el estado brasileño de São Paulo, teniendo como uno de los temas de apertura un estudio inédito del Sindicato de los Cementerios y Crematorios Particulares de Brasil (SINCEP), que hizo un mapeo de la percepción de los brasileños sobre la muerte y las ceremonias fúnebres. Simultáneamente, cerca de 440 kilómetros de allí, en Rio de Janeiro, autoridades y empresarios de la Industria participaban en el acto de entrega de uno de los más modernos emprendimientos del área en el país. Un complejo de cementerios construido en 55 mil metros cuadrados dentro del Crematorio y Cementerio de la Penitencia, en la Zona Portuaria de la Ciudad Maravillosa.
Los dos eventos, a pesar de distintos, arrojan luz a dos importantes puntos que la encuesta revela: el 82,4% de los brasileños creen que no hay peor sufrimiento que el dolor de la pérdida de alguien y el 63% consideran que la tristeza está asociada a la muerte. Los pilares de este nuevo emprendimiento carioca se construyeron justamente para dar apoyo a las familias en el momento del dolor más profundo de su existencia y ofrecer todos los recursos posibles para suavizar ese momento, dando un sentido memorable a esa pérdida. Esa meta sirvió de inspiración para que el Grupo Cortel reuniera uno de los aparatos tecnológicos más innovadores y creativos de Latinoamérica en las ceremonias de despedidas.

La distinción del complejo de cementerios de La Penitencia, está justo en la lista de ceremonias que queda a la disposición de la sociedad. Todo pensando en los más mínimos detalles para preservar la memoria de quien partió, en su personalidad y gustos por la vida. Para que eso sea posible, el Crematorio y Cementerio de la Penitencia implantó un sistema avanzado de automatización en sus capillas velatorias, con capacidad para gestionar y cambiar los colores de las luces del ambiente, tanto del techo como de las paredes, así como el sonido, cuyo estilo puede elegirse por los familiares, además de proyecciones personalizadas que pueden realizarse en un televisor instalado en un punto del recinto.

A la hora de la última despedida, una capilla en formato de anfiteatro, con capacidad para cerca de 150 personas, reserva el grand finale, con una plataforma especial para ubicar la urna, dando el efecto de que está flotando. A continuación, el homenaje de la partida ocurre en medio de efectos especiales, como proyecciones de imágenes sobre la vida, lluvia de pétalas de rosas, hielo seco, música en directo y poesías. En esta atmósfera, el adiós gana un sentido menos impactante, más memorable y emociona a los presentes. Este modelo tiene un tono más conceptual y marca una tendencia en nuestro país, rompiendo con la costumbre de la “prisa para sepultar”, que tanto perjudica psicológicamente a las familias.












