El mayor cambio en las oficinas en los últimos 20 años no ha sido la tecnología, tampoco los sistemas de control o estrategia. Tampoco es la innovación o inversión en investigación y desarrollo de nuevos productos. El cambio más relevante de las dos últimas décadas es la sacudida a la cultura laboral. La definición más amplia del término es “Es la psicología de la empresa. Es el conjunto de actitudes, experiencias, creencias y valores que cada uno de los recursos humanos imprime en la empresa” pero también incluye “supuestos implícitos y explícitos que los miembros tienen respecto de cuál es el comportamiento legitimo dentro de la organización”.
De manera obligada debemos detenernos y analizar cómo ha cambiado la cultura laboral si queremos entender el éxito o fracaso de una empresa. Los llamados supuestos implícitos y explícitos deberían establecer lo que esperamos de una persona —y nosotros mismos— al entrar en un trabajo. De manera constante platico con altos ejecutivos y escucho la misma queja, la falta de sentido común y apegada a la realidad de sus reportos inmediatos. Hace algunas semanas una alta ejecutiva en una empresa fabricante de autos me llamó para compartir que una persona en su equipo renunció por WhatsApp. Desde mi perspectiva está implícito que ninguna relación debería terminar por WhatsApp simplemente por los compromisos legales adquiridos.
La nueva cultura laboral
No me atrevería a poner una etiqueta, mucho menos definir, lo que es la nueva cultura laboral. Sin embargo, es evidente que algunas cosas han cambiado de manera radical, el compromiso con la puntualidad en México ha salido por la ventana. Entiendo que nunca hemos sido un país puntual pero en las últimas semanas he escuchado dos historias de personal dentro de agencias de publicidad que unilateralmente establecen sus horarios. Desde pequeño escuchaba la broma, “no soy impuntual, simplemente tengo mi propio horario”, hoy eso es una realidad, no un chiste. Llegar tarde a un trabajo no es un tema de horarios, es un compromiso de llegar a tiempo. No nos gusta llamar las cosas por su nombre, si de manera consistente llegas tarde al trabajo eres una persona impuntual, no creativo, no espíritu libre, no rebelde, simplemente impuntual. También sucede lo mismo con las asignaturas, la llegada de los objetivos y KPI’s a la empresa trajo un aire de libertad. El acuerdo era simple, establece el objetivo y no regreses hasta cumplirlo, sin embargo, en muchos casos la modernidad nos permite no llegar al objetivo y sólo en el peor de los casos se pierde el trabajo. Las empresas y ejecutivos olvidamos que establecer un objetivo no exime la revisión de seguimiento. Por el lado del equipo de trabajo, es importante reconocer que recibiremos seguimiento por lo menos semanal para llegar al objetivo. Podría dedicar muchas páginas más a detalles operativos en la cultura laboral; no obstante, el problema no comienza en lo táctico, es un cambio estructural en la relación trabajador-empresa y también hay que reconocer empresa-trabajador.
Los jóvenes son los que reciben mayor atención en los cambios de cultura laboral. Se presume que los Millennials son los que comenzaron a romper reglas. Pero es necesario reconocer que fueron los creativos en las agencias de publicidad en los años cincuenta que se quitaron la corbata en la oficina. No me parece que la forma de vestir defina en su totalidad la cultura laboral, pero admito que la forma en la que llegamos a la oficina dice mucho de lo que pensamos del espacio laboral. Si vestimos de la misma forma en el trabajo y en casa, no es de sorprenderse que no podamos dejar de trabajar en nuestro hogar. Cambiar de “uniforme” permite —desde mi perspectiva— separar los dos espacios. También ha llegado a las expectativas de comunicación, escribir un WhatsApp a las 9 de la noche ya no es mal visto y se espera en cierta medida que sea contestado. Si el “supuesto implícito” es que estas conectado las 24 horas, esa será la cultura laboral de tu empresa.




