La sociedad insiste en encajar el proceso del duelo en un solo formato, presentando el llanto y la tristeza como manifestaciones esperadas para este momento. Sin embargo, no son nada extraños los testimonios de personas que cuentan haber “perdido” la capacidad de sentir emociones – tanto buenas como malas – tras una pérdida importante.
El entumecimiento o la analgesia de cualquier tipo de sensación, bien sea de alegría o de tristeza, parece hacer parte de la vida de algunos sobrevivientes. Esto fue lo que aprendimos tras haber leído algunos relatos que nos llegaron por medio del confesionario, así como después de haber conversado con algunos especialistas en el área.
John Bowlby fue un psicólogo y psiquiatra británico, pionero en la Teoría del apego. Según Bowlby, un bebé ya manifiesta reacciones a la falta o a la pérdida de la madre. Esto significa que la emoción es un proceso que niños, adolescentes, adultos, ancianos – sean hombres o mujeres – experimentan cada vez que pierden a alguien con el que tenían un fuerte vínculo. Que una persona tenga dificultad para expresarse o sentir no significa que ella no tenga emociones. Entramos en duelo cada vez que rompemos lazos afectivos fuertes. La forma como viviremos el duelo, como actuaremos o expresaremos el dolor, depende de varios factores. Es un proceso absolutamente idiosincrásico, es decir, propio de cada individuo.
Este proceso se desenvuelve a partir de la estructura de la personalidad de cada sujeto, de su historia con la persona fallecida. También depende de otras variables tales como el tipo de muerte, la edad que tenía la persona cuando ocurrió la pérdida, el ambiente en el que vive y la red de apoyo con la que cuente a partir de ese momento. Un ejemplo de esto es la diferencia de reacciones y comportamientos que se presentan entre hermanos que viven una misma pérdida – un padre, por ejemplo. Es necesario tener cuidado en no esperar un patrón único de manifestaciones del duelo.
¿Cómo comprender ese mecanismo de congelamiento de las emociones? ¿Por qué ocurre esto con algunas personas? ¿Cuál es el costo psicológico de esa inversión que, a primera vista, parece solucionar el conflicto?
Desde el punto de vista de la dinámica emocional, pasar de la alegría a la tristeza en pocos segundos es una tarea de alto costo psicológico. Fue exactamente esto lo que le ocurrió a Rosane, quien se encontraba disfrutando del primer día de sus tan esperadas vacaciones con los amigos. Lo que tendría que haber sido un período de placer y buenos recuerdos, se transformó en una tragedia cargada de imágenes de mucho sufrimiento y negación. Es necesario entender que, más allá de nuestro control consciente y racional, existen otros mecanismos dentro de nuestro funcionamiento psicológico que se activan como alertas para proteger la identidad del “EGO”.
En la obra “Las neuropsicosis de defensa”, Freud (1894, Vol. III), señaló el hecho de que algunas ideas, representaciones y afectos traumáticos pueden ser sentidos por un sujeto como incompatibles con su vida psíquica, produciéndole sentimientos tan angustiantes que, dentro de la estructura de su personalidad, no existe otra salida más que olvidarlos, rechazarlos o eliminarlos.
Años después, en 1925, Freud escribió sobre los mecanismos de defensa, describiéndolos como mecanismos desarrollados por la psique con el objetivo de proteger la integridad del ego del sujeto. En este estudio, Freud argumenta que dichos mecanismos de defensa son universales, es decir, todas las personas hacen uso de ellos, en mayor o menor medida. La aparición de la angustia, desatada por los conflictos, sería una condición indispensable para la activación de algún mecanismo de defensa cuyo fin es proteger la integridad del ego.
Sabiamente, nuestro ego desarrolla y selecciona defensas psicológicas importantes para protegernos de situaciones que le representan una gran amenaza. Y el DUELO es una de esas situaciones. Si estas defensas no fuesen accionadas, es posible que enloquezcamos o que tengamos ataques de locura, que es precisamente lo que ocurre cuando estas defensas fallan.




